El cangrejo volador

Salir una mañana en busca de alimento espiritual para niños me hizo terminar sentado en la Sala Teatro Llauradó de La Casona, en el Vedado. El menú: Con ropa de domingo, la  versión dramatizada del cuento “El cangrejito volador”, de Onelio Jorge Cardoso. La puesta en escena es del grupo Pálpito, la adaptación del texto de Maikel Chávez, la dirección artística de Ariel Bouza y actuaron esa mañana, Corina Mestre, Maikel Chávez y Ariel Bouza.

Las actuaciones convencionales se entremezclan con el teatro de títeres, gracias al texto que cruza las líneas argumentales de la historia de Guirito, el niño campesino que quiere estudiar en la ciudad, y la fábula del cangrejo que quiere volar animado en su empeño por la paloma. El guión hace fluidas y armónicas las dos historias, al punto que parecen una. El sonido casi es un personaje más, que apoya con eficacia el ambiente rural. Las actuaciones muy sólidas y convincentes.

Corina Mestre deslumbra por la dulzura y la capacidad de desdoblamiento con que representa a la madre de Guirito, la cual, aún cuando se duela al separarse de él, apoya al hijo en sus sueños de convertirse en titiritero. Ternura y ensoñación son el saldo final de la obra.

Una hora mágica en la cual el teatro, la literatura y la música se funden, para devolvernos al estado primigenio de la niñez y la pureza de las utopías.

Sentado en la rama de un árbol, Onelio nos guiña un ojo.